jueves, 18 de abril de 2013

Había poesía


HABÍA POESÍA


Había poesía cuando te hacía el sándwich,
le untaba la mantequilla y le ponía jamón.
Te lo llevaba a la cama y me lo recibías.
Me mirabas y sonreías.
Los dos seguíamos ahí.

Había poesía cuando roncabas.
Te abrías, respirabas en confianza,
conmigo al lado,
me sabías de ti y te sabía de mí.
Hablabas en las noches.
Yo me despertaba y te miraba.

Había poesía cuando te esperaba para comer.
Ponía el mantel, los cubiertos y calentaba el pan.
Ese, el que te gustaba.
Ponía el mundo en la radio para darle quietud
a nuestra derramada felicidad.

Había poesía cuando llorabas.
Mirabas con infancia, sin armas, sin años.
Tus lágrimas caían en mis manos y me las untaba
en los dedos que te acariciaban en las madrugadas
eternas del invierno.

Había poesía cuando llegabas.
Tronaba la chapa de la puerta y los gatos corrían.
Yo dejaba de cortar la carne con el cuchillo y sonreía,
A pesar de tu cansancio, de tus humores,
de tus engaños.

Había poesía cuando me acostaba contigo.
Ponía mi cabeza sobre tu pecho
y escuchaba la batería de la fuente de tu vida
recorrer tu cuerpo y mi oído.
Latías y te escuchaba.
Vivías y estabas conmigo.

Había poesía cuando me dormía en tu pulso
y navegaba en tu cansancio.

Había poesía cuando te ibas,
porque regresabas.