Destruiste
la cama de los dos.
Con las
almohadas testigo
de todo lo
que se entregó.
Destruíste
el hogar de los dos.
Desgarrando
la tela de la confianza,
aquella que
nos envolvía y nos daba calor.
Desbarataste
el rompecabezas de los dos.
Tus piezas,
mis piezas
quedaron regadas
en el piso
del solitario
balcón.
Fuerte, rápido,
al ras.
Me dijiste
que no.
Me dijiste
adiós.
Destruiste
el fuego de los dos.
Mis lágrimas
cayeron en la hoguera
en la que
fundíamos el calor.
Desgarraste
el lienzo del amor.
En el que
tanto dibujé
un futuro
para los dos.
Fuerte,
rápido, recio.
Me dijiste
adiós.
No pude
decirte perdón.
Desarmaste
la fuerza de este corazón.
Mataste,
heriste, robaste y violaste
la voz
desinteresada que cantaba tu canción.