jueves, 31 de enero de 2013

Poema: "Algo se me ha quebrado esta mañana" de Rubén Bonifaz Nuño.

ALGO SE ME HA QUEBRADO ESTA MAÑANA...
Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013)

Algo se me ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
... por el que vive dentro.

Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos,
nunca invisibles, en la piel del alma.

Yo no entiendo; yo quiero solamente,
y trabajo en mi oficio.
Yo pienso: hay que vivir; dificultosa
y todo, nuestra vida es nuestra.
Pero cuánta furia melancólica
hay en algunos días. Qué cansancio.

Cómo, entonces,
pensar en platos venturosos,
en cucharas calmadas, en ratones
de lujosísimos departamentos,
si entonces recordamos que los platos
aúllan de nostalgia, boquiabiertos,
y despiertan secas las cucharas,
y desfallecen de hambre los ratones
en humildes cocinas.

Y conste que no hablo
en símbolos; hablo llanamente
de meras cosas del espíritu.

Qué insufribles, a veces, las virtudes
de la buena memoria; yo me acuerdo
hasta dormido, y aunque jure y grite
que no quiero acordarme.

De andar buscando llego.
Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.
Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo
y pienso en esta vida que no es bella
ni mucho menos, como dicen
los que viven dichosos. Yo no entiendo.

Escribo amargo y fácil,
y en el día resollante y monótono
de no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en que caerse muerto.

(De: Fuego de pobres, 1961)

martes, 15 de enero de 2013

Domingo o lunes


Incluído en el libro Corazón Suave, próximo a publicarse.


Domingo o lunes
 

El cielo muestra su matiz hielo a través de las nubes, el resplandor tenue y delicado del tímido sol se posa sobre las avenidas bañando todo con una luz blanca. Los pájaros descansan sobre los cables y observan el vacío provocado por el descanso, que bien o mal, tendría que llegar inevitable y preciso. Los otros también descansan. Algunos tirados en la cama, otros viendo televisión, las manos no trabajan y las mentes divagan a lugares poco comunes. Los países del continente europeo, la zona de Alaska, el sur de África. Y están los demás, los que no llegan a ningún lado: la casa grande para tener a los hijos y las mascotas, la maestría en finanzas, la cartera llena de dinero, sin deudas en las tarjetas, el amor del vecino, el amor de los hijos, el amor a uno mismo, el amor de él, el regaño de papá, el rencor. Las mentes siguen y siguen viajando. Llega la hora de la comida. Después el postre. Las voces dentro de las casas quedan tatuadas en todas las paredes de los hogares, tomando la ventaja al pensar que las palabras se las llevaba el viento. Pero era mentira. Tiempo después vendrían otras familias, vivirían ahí ignorando lo que ellas habían escuchado. La manecilla sigue la rutina. Llegan las seis, luego las siete. Angustia y precipitación. ¿No se puede vivir en el paraíso del descanso, de la inactividad? La vida está en las risas, en los ojos, en los bailes, en los paseos.
El sol sucumbe a las nubes y a la tremenda noche. La oscuridad se derrama sobre la luz gris de antes. El viento anticipa la cerrada de puertas y ventanas. El vacío crece en las calles. Murmullo por aquí, murmullo por los rincones. Perros que ladran en las azoteas. Más puertas que se cierran. Los pájaros que se encuentran sobre los cables, desesperanzados, se guardan en las oscuridades de los árboles. Destellos discretos empiezan a surgir en el manto negro que cubre el cielo. Otra luz, gigante, redonda y esférica, domina el panorama en la tela estelar. El silencio ahora transita por las calles con absoluta libertad, tanto así, que no encuentra quien lo note y lo rompa.
Sólo respiros y exhalaciones. El momento congelado en los faros de luz. Tal vez un amor por ahí, junto a un deseo adolescente (afuera la vida corre, la vida transita, la vida se escurre). Viene la batalla del frío. ¡Que todos tengan a alguien para soportarlo! Un abrazo, una cama acompañada. Y de pronto… no se piensa nada. Las mentes viajan y descansan, viajan y descansan.
Y la vida da un brinco. Atrás el descanso, la paz y fantasía, porque era lo único que podía existir en esa temporada. Las horas se precipitan, corren  y alguna que otra se tropieza. Hora de ver la luz entrar por la ventana, hora de bañar el cuerpo en la regadera, de golpear ¿la cabeza hueca? No, es la cabeza dormida, todavía. Las prisas corren por las calles y matan al silencio. Las obsesiones llenan el aire y lo contaminan: ¡La hora de llegada!, ¡la de salida! Los amores, las frustraciones, los vacíos, lo útil, lo inútil, la belleza, lo feo, lo asqueroso, lo inevitable, sí, lo inevitable. Pies torturan el suelo, siempre ignorado por los ojos histéricos que pasan por ahí. ¿Eternamente es tan vano el ir y venir? ¿Nada existe alrededor? No, la mayoría es esa energía estúpida que surge al nacimiento de la luz.
¿De nuevo lo mismo? Te preguntas.
Sin embargo, el sol ha de sucumbir porque es inevitable.

Olas

Texto incluído en el libro Corazón Suave, próximo a publicarse.




OLAS
 

Cuando Laura se fue, Jorge se encerró en su recamara, se tiró en la cama y comenzó a llorar desconsoladamente. Nada valía la pena, ni sus títulos universitarios, ni sus amigos, ni la casa tan cara que había podido comprar para los dos. Mucho menos la vida. Lloró y lloró por horas hasta que se dio cuenta de que las lágrimas que escurrían por sus mejillas eran incesantes. Sus ojos parecían fuentes y aunque él ya no quería llorar, pues habían pasado cinco horas desde la primera gota de tristeza, el río de sus ojos estaba fuera de  control. Torrentes de lágrimas se escurrieron de su cara al colchón y del colchón al piso. Después llegaron a la puerta de la habitación y cayeron por la escalera que llevaba al recibidor. Litros de lágrimas fueron inundando la casa de Jorge hasta que fue incontenible y él mismo, tratando de escapar, se ahogó en el océano de su llanto.
Horas después, Laura, arrepentida de la pelea con Jorge, regresó a casa. Abrió la puerta principal y las olas de lágrimas  arrasaron con ella.