OLAS
Cuando Laura se fue, Jorge se encerró en su
recamara, se tiró en la cama y comenzó a llorar desconsoladamente. Nada valía
la pena, ni sus títulos universitarios, ni sus amigos, ni la casa tan cara que
había podido comprar para los dos. Mucho menos la vida. Lloró y lloró por horas
hasta que se dio cuenta de que las lágrimas que escurrían por sus mejillas eran
incesantes. Sus ojos parecían fuentes y aunque él ya no quería llorar, pues
habían pasado cinco horas desde la primera gota de tristeza, el río de sus ojos
estaba fuera de control. Torrentes de
lágrimas se escurrieron de su cara al colchón y del colchón al piso. Después
llegaron a la puerta de la habitación y cayeron por la escalera que llevaba al
recibidor. Litros de lágrimas fueron inundando la casa de Jorge hasta que fue
incontenible y él mismo, tratando de escapar, se ahogó en el océano de su
llanto.
Horas después, Laura, arrepentida de
la pelea con Jorge, regresó a casa. Abrió la puerta principal y las olas de
lágrimas arrasaron con ella.
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